Oficinas A160 en Barcelona
Un edificio de oficinas aterrazado y respetuoso con su entorno que consigue unos lugares de trabajo excepcionales
Las oficinas Badajoz 97 se sitúan en pleno distrito 22@, un emplazamiento estratégico en continua transformación donde conviven las trazas agrícolas originales del Poblenou, el pasado industrial del barrio y la nueva centralidad tecnológica de Barcelona. Este contexto híbrido es la base del proyecto: un edificio que reconoce la memoria del lugar incorpora innovación estructural y sitúa el bienestar del usuario en el centro del diseño.
Badajoz 97 forma parte del Plan de Mejora Urbana Pere IV – Badajoz, redactado por Batlleiroig en 2019, donde la recuperación de pasajes históricos y la incorporación de nuevos espacios públicos permiten esponjar una manzana tradicionalmente industrial y densificada.
El proyecto no solo preserva dos edificios del siglo XIX como testimonio del pasado, sino que también genera una red de pasajes que conectan las distintas geometrías urbanas y crean nuevas oportunidades de encuentro.
La planta baja del edificio se retira estratégicamente para generar un amplio porche que prolonga la continuidad del pasaje urbano y establece una relación permeable entre interior y exterior. De este modo, el edificio se relaciona con el espacio público y refuerza la estructura peatonal del barrio.


La volumetría del edificio se adapta a las distintas escalas del entorno. Un zócalo de hasta seis plantas acompasa la altura de las viviendas existentes en Pere IV. En la intersección con Almogàvers y Badajoz, una torre de doce plantas señala la importancia de este eje urbano, consolidado ya como corredor de edificios en altura.
Este juego de alturas, sumado a la implantación no ortogonal de la planta baja, permite integrar los pasajes, respetar las trazas históricas y articular tres volúmenes independientes dentro de la misma manzana.


El proyecto debía resolver un solar complejo manteniendo plantas diáfanas, luminosas y sin obstáculos estructurales. La solución fue recurrir a un sistema innovador: el forjado unidireccional de vigas Holedeck postesadas, capaz de salvar luces de hasta 18 metros sin pilares intermedios.
Este sistema, considerado el forjado de hormigón más eficiente en relación material–capacidad estructural, incorpora vigas perforadas que permiten integrar las instalaciones en la propia estructura, logrando un techo limpio y sin falsos techos, con una altura libre de 3 metros.
La estructura se resuelve con pilares perimetrales y un núcleo adosado a la fachada sur que actúa como elemento de sombra para mejorar el comportamiento energético del edificio. El resultado son plantas amplias que alcanzan los 1.200 m² útiles, con solo dos pilares interiores y un perímetro completamente abierto.
El uso del sistema Holedeck permitió reducir un 50% el consumo de hormigón y un 38% el de acero, reduciendo considerablemente la huella de CO₂ del edificio.
La envolvente del edificio retoma la tradición material del Poblenou a través de un ladrillo visto gris-marrón que conecta con el patrimonio industrial del barrio. Las aberturas siguen una geometría constante basada en tres piezas —dos laterales acristaladas y un panel central de ventilación— que se adaptan según la orientación.
En fachada sur, los huecos integran** persianas motorizadas** para el control solar, mientras que en la zona del núcleo se introducen paneles fotovoltaicos que maximizan la captación energética del edificio.
La cerámica se traslada también a jardineras, bancos y elementos exteriores, creando una paleta material coherente y continua.

El proyecto sitúa al usuario en el centro mediante cuatro estrategias principales. Las fachadas liberadas de pilares permiten incorporar terrazas en los testeros, conectadas visualmente con los espacios de trabajo y dotadas de jardineras profundas con vegetación colgante que proporciona sombra y confort. El retranqueo volumétrico genera una plaza ajardinada elevada con áreas de descanso y vegetación generosa, concebida como un espacio social para los usuarios. En las plantas 6 y 11, dobles espacios conectados por escaleras industriales —e incluso toboganes en algunos casos— fomentan la interacción, la creatividad y la apertura visual hacia el paisaje urbano. Finalmente, el porche volado da acceso a un lobby a doble altura que actúa como centro social del edificio, abierto al pasaje y a la ciudad a través de una transparencia total.

Las plantas de oficinas incorporan terrazas lineales en ambos extremos, siempre en contacto con la vegetación. A medida que el edificio gana altura, se generan vacíos y dobles espacios que conectan visualmente distintos niveles, reforzando la sensación de amplitud y fomentando la biofilia.
La vegetación, integrada enrasada con el pavimento, se percibe desde el interior sin interrupciones, amplificando las vistas hacia la ciudad.
La fachada cerámica, los volúmenes escalonados y la implantación urbana responden tanto a las geometrías históricas de la calle Pere IV como al crecimiento en altura que caracteriza la calle Badajoz. El resultado es un edificio diseñado para ofrecer espacios de trabajo flexibles, luminosos y conectados con la vegetación, que obtiene la certificación LEED Gold – Core & Shell.
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